31/10/15

A Nightmare On Elm Street (Wes Craven 1984)

¿Cuantos Freddy Krueger se necesitan…?

Por Jorge Le Brun



Hay más de un muerto en este 2015 al que se debe lamentar, por temática y falta de tiempo, solo pude escribir sobre el gran Wes Craven; uno de los iconos del cine de terror americano. Licenciado en psicología y con un master en filosofía; empezó su carrera cinematográfica como editor de sonido para una empresa newyorkina; años después incluso produjo pornografía y fue escalando hasta alcanzar el éxito mundial con A Nightmare on Elm Street, la cual escribió en los 80s y estuvo a punto de no nacer porque nadie consideraba que un asesino serial que atacaba a través de los sueños fuera a llamar la atención. La inspiración para crear al personaje le vino a Craven de dos vivencias: primero cuando una noche, el infante Wes mirando por su ventana, se da cuenta que es observado por un hombre extraño que no le apartaba su mirada y tenía un sombrero. El segundo, es de un día que apareció en los periódicos la noticia de la muerte de un niño como lo era él, mientras dormía y que llevaba semanas alertando a sus padres de que las pesadillas que sufría eran “reales”. Lo aterrador es que estamos hablando de vivencias que cualquiera de nosotros pudiera haber tenido y con menor o mayor impacto emocional.

Todo comienza cuando Tina (Amanda Wyss) tiene una pesadilla en la que es perseguida por nuestro simpático villano, y solo hasta que esté la tiene en sus garras logra despertar. La cosa se pone extraña cuando se entera que no es la única adolescente que tuvo esta pesadilla. En una fiesta a la que sus amigos le sugieren ir para distraerse, Tina decide descansar, y cuando todos sus compañeros la vuelven a ver, aparece muerta y con el novio escapando. La amiga de Tina, Nancy es la que tuvo el mismo sueño, y ahora la entidad onírica la persigue a ella incesantemente. Se trata de un pederasta y asesino serial que fue quemado vivo por los padres de varias de sus víctimas y que con el poder de los demonios de los sueños se a convertido en un monstruo sediento de venganza, su nombre es Freddy Krueger.

Johhny Depp hace su primer papel en esta película y muere de una forma bestial, él mismo, personaje secundario de esta película terminaría siendo uno de los actores con más fama internacional; cosa que sus compañeros de reparto no corrieron con excepción de Robert Englund que se convertiría en una leyenda del género al interpretar a Freddy Krueger en sus innumerables secuelas.


La mano del abuso

“El hombre del saco” es una leyenda contada a los niños para ponerles normas, está basada en algunos hechos reales, como el sucedido en España cuando Francisco Ortega en 1910, enfermo de tuberculosis y buscando una cura, acudió a una brujo o más bien un criminal de nombre Francisco Leona, que a cambio del buen señor dinero, le reveló "la cura": beber la sangre que emanara del cuerpo de un niño, extraerle la grasa al cuerpo y untarla al pecho del enfermo. El criminal se ofreció y trajo en un saco a la víctima. El hombre del saco, el coco o bogeyman son la representación del miedo a desconocidos que nuestros padres pretendieron mantener así; muchas veces basados en peligros reales a los que nuestra vulnerabilidad no está capacitada a enfrentar.  Fredy es el hijo de esos seres, vive en los sueños y se alimenta de los puntos flacos; las películas de terror que tienen a los jóvenes o niños como victimas nos sumergen a la piel esa etapa en la que éramos más impresionables y más indefensos, tal vez ese fue el verdadero éxito del payaso extraterrestre de Stephen King. Los sueños también juegan un papel ¿Cómo defendernos en un mundo en el que ni si quiera estamos conscientes? Eso sin dejar a un lado las infinitas posibilidades y peligros que hay en nuestra cabeza para salvarnos o destruirnos.
























Freddy Krueger es la búsqueda de la eternidad de todos nosotros; la inmortalidad no podría conseguirse de forma literaria, pero podemos dejar hijos, grandes logros, acciones memorables o abominables. La maldad de Freddy y su deseo de eternidad lo llevo a los sueños de los habitantes de Elm Street, literal y metafóricamente. Freddy es fascinante y aterrador a la vez, es el día de hoy un embajador sociocultural del estilo de vida americano, lo preocupante radica en que un asesino serial de la ficción, que tiene preferencia por los menores sea ese emblema gringo. Para los sociólogos es precisamente Freddy Krueger una representación de los peligros de la niñez si se alejan demasiado de la matriz, ósea sus madres o padres, o de todo lo malo que podría y ha pasado ya. Robert Englund que era un joven de ambiente gótico, conocía el trabajo de Craven y estaba entusiasmado con aquel personaje, según sus palabras, había algo de La Bella y la Bestia de Cocteau en la relación de la protagonista y el antagonista. La muerte de Freddy se da cuando es negada su existencia, cuando esa eternidad que todos ambicionamos no es posible; solo podemos estar muertos si no existimos en la mente de otros.


























La música de la película es trabajo de Charles Bernstein, el más famoso que logró y de los más escalofriantes en su época. Hablando de eso, esta película quizá no sea aterradora para muchas de las actuales generaciones, pero volvemos a la figura del coco, el nuestro hace años que pasó y aun la figura de este sórdido asesino onírico permanece en nuestro colectivo; tal vez halle la forma de volvernos a asustar con alguna forma nueva, bueno, lo dudo pero Freddy esta para quedarse. 





Suspiria (Dario Argento 1977)

Bello rojo sangre

Por Jorge Le Brun


“Dios está en todas partes, el diablo en los detalles”
- Proverbio alemán


Hace ya bastante tiempo, cuando empezaba mi carrera universitaria, un sujeto llegó a una palapa de la universidad vendiendo libros. Había títulos bastante diversos, no era un ambulante cualquiera (¿existe alguno que lo sea?), había un título que me llamó la atención por su año y autor, el libro se llamaba Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes, era de 1827 y, con unas letras más grandes que el título venía el nombre del autor, Thomas De Quincey. El vendedor me dijo que estaría unos días más, le pedí apartar unos 3 libros con la promesa de comprarle aunque sea 2 al día siguiente, el tipo accedió (o tuve la suerte de que nadie le interesara el título de que quería saber más). Investigue exclusivamente sobre el autor que se sugería importante en la portada pero que no figuraba en mi mapa amateur y hasta el día de hoy advenedizo; no tuve que buscar más, al día siguiente compré el dichoso libro.

Thomas De Quincey, es el más famoso drogadicto de la literatura inglesa; es lo que Charle Sheen pero con el opio; pero importantísimo para Edgar Allan Poe, Ralph Waldo Emerson, Charles Baudelaire, David Herbert Lawrence, Virginia Woolf, Paul Verlaine, Oscar Wilde y, sobre todo, Jorge Luis Borges, quien afirmó que De Quincey era el modelo perfecto de escritor. Lo cierto es que la vida del personaje lo hacía el típico villano de la literatura victoriana, e incluso el hizo a algunos de ellos héroes; otra diferencia con Sheen (bueno, hay muchísimas) radica en que el día de hoy el escritor es totalmente desconocido hasta en los círculos de su gremio, y es curioso que a su vez sea influencia de gigantes literarios. La influencia del escritor es más grande de lo que parece, él propuso que el valor estético podía encontrarse fuera de lo que se entendía por las élites como “bellas artes” y propuso que lo horrible o turbio también tenía funciones estéticas, ya sea drogarse o los asesinatos como plantea en el ensayo/relato que compré hace ya bastante tiempo. Las desgarradoras muertes que suceden en el día a día, lo que vemos en las notas periodísticas, nos hacen sentir algo o nos hacen indiferentes ante la repetición; la historia, las formas, inconscientemente lo juzgamos todo como algún lienzo pedorro que compró Ricky Ricón para su club, o cuando leemo o vemos en la pantalla alguna buena historia de crimen. Dario Argento, la leyenda italiana del slasher es sin duda uno de los pocos que leyeron a De Quincey y ponen su espíritu en su trabajo, en este caso, hizo de Suspiria (1977) una obra de arte con un bello rojo sangre.

























Dario Argento, empezó su carrera como crítico de cine en revistas especializadas, de ahí pasó a los guiones (donde hizo un trabajo para Sergio Leone), y finalmente dio el salto a director, convirtiéndose paulatinamente en un artista de la matanza. El cine giallo (thrillers y filmes de terror con grandes dosis de gore hechos en Italia) le debe su fama a él, y esa fama también casi lo destruye; todo mundo imitó los esquemas del director, hasta que Argento, algo agotado, se fue por el camino de retratar lo sobrenatural como nunca antes se había hecho.

Fue en este entonces cuando Argento buscó inspiración en otro de los trabajos de De Quincey, Suspiria de Profundis (publicado de forma completa en 1854), una colección de ensayos breves sumergidos en la fantasía; un concepto que llama su atención es el de “las tres madres del mal”, surgido entre algunos de los ensayos, fue a partir de esa base conceptual que Argento crearía su trilogía de las “tres madres”, conformadas por Suspiria, Inferno (1980) y  La terza madre (2007). 
Y de esta forma, inspirado según dice el director por Blanca Nieves y algunas experiencias personales en la infancia de su suegra contadas por su pareja, Daria Nicolodi, la trama de Suspiria quedó construida. Obra que influyó en cineastas como John Carpenter o Brian de Palma; la función estética de esta película es hartamente estimulante y es la prueba viviente de que es válido romper las reglas cuando ya las conoces bien; el escarlata intenso que transmite Suspiria, tiraba por tierra todas las reglas de iluminación; exhibía colores maravillosos, rojos y verdes sin ninguna justificación y que colapsaban o intensificaba espontáneamente. Podemos agregar que fue impresa en technicolor, que ya era una reliquia en aquel entonces; como dicen ahora, es una película “artesanal”.



















Técnicas para hacer ver películas como si fuera technicolor se suele utilizar aún en filmes de época, pero en Suspiria se utiliza para realzar más el rojo, que se nota gracias a su espectro de color. Un dato curioso es que Snow White and the Seven Dwarfs (1937) fue la primera película rodada con esta tecnología. La textura y ambientación transmiten una irrealidad que parece una fábula o cuento de hadas, igual que su argumento; con  princesa y su bruja mala, pero con gore y luces fantásticas. Parece una opera con todo y sus exageraciones, que le hacen inverosímil pero al mismo tiempo rica visual y auditivamente.

Suzy Bannion (Jessica Harper), aterriza en Munich y se traslada a Friburgo para asistir a una prestigiosa academia de baile. Coincidiendo con su llegada, una alumna es expulsada; huye durante una noche lluviosa de algún peligro, llega al apartamento de una amiga y es violentamente asesinada y colgada; destino que termina compartiendo su posadera. Suzy se percata con el tiempo de que algo siniestro está sucediendo en esa casa, la cual es una  escuela que fue fundada años atrás por Helena Markos, una emigrante griego; una bruja que es también conocida como Mater Suspiriorum, o la Madre de los Suspiros. La trama de la película parece sencilla pero tiene una finalidad; llevar la secuencia de imágenes en orden; a diferencia de lo habitual en donde las imágenes con todo y su simbolismo son para la trama, aquí la trama es para las imágenes. 























Cuando Jessica está en el aeropuerto (mundo real) y marcha hacia la salida, las puertas mecánicas se abren y entra por ellas - junto con el sonido de la tormenta - luces de colores saturados con la música de la banda Goblin mientras unas voces susurran, dándole la bienvenida al umbral de la fantasía. La trama que cumple un papel secundario y funciona para dar coherencia y orden a imágenes y sonidos, se aprecia en pantalla como un excelente condimento en su aquelarre maléfico. Este sangriento thriller nos lleva de una u otra forma al mundo de las pesadillas, y con mucho gusto, donde la presencia femenina es poderosa con los personajes principales y la masculina se reduce a un ciego músico con un peligroso can, a un mudo horripilante, y a un joven galán que para decepción de Jessica, que le estaba gustando, resulta ser homosexual, el cual es interpretado por el músico Miguel Bosé.  





30/10/15

Psycho (Alfred Hitchcock 1960)

El malestar en la cultura y el hijo de mamá

Por Jorge Le Brun




No soy muy asiduo a los rankings; no me malinterpreten, me parecen excelentes ejercicios para tomar referentes o para retroalimentarse con el debate que puedan producir; aprendes bastante de lo que genera un top 10 que genera muchos otros top 10 de la misma categoría. El problema para mi es tomar esos 10, 20 o 100 mejores como una especie de sagradas escrituras; hacer eso es reduccionista y arbitrario. Viendo algunos tops muy buenos e interesantes en algunos blogs o sitios web, te encuentras con consensos involuntarios que te dan datos valiosos; en este caso, uso uno de ellos para introducir el tema. Alfred Hitchcock siempre se encuentra entre los mejores 10 cineastas de todos los tiempos; a veces en primer lugar, otras en el lugar 10; las grandes mentes piensan igual diría alguien, la cuestión aquí es que el “maestro del suspenso” es reconocido como tal. Me atrevería en este arrebato a ponerlo por arriba en muchos aspectos al más conocido hoy, Stanley Kubrick y a su coetáneo John Ford, como el director más importante que haya hecho cine estadounidense y quizá el más grande de Hollywood y todo sin haber ganado nunca el oscar.

El director británico y admirador del trabajo de Luis Buñuel, nos mostró en 1960 la que sería su película más popular y, en algunos casos, la única que conocen de su filmografía, claro, estamos hablando de Psycho. Película basada en la novela del mismo nombre escrita por Robert Bloch; la historia fue ofrecida para la financiación de la Paramount, sin embargo, al leerla, éstos abandonan el proyecto y Hitchcock terminó financiándolo de su bolsa. La película rompió con bastantes tabúes de la época en muchas formas; marcó una nueva frontera en la representación de la violencia en pantalla y expresó proféticamente el malestar profundo de un país.

“Un viejo cliché pregona que la pornografía enseña lo que el erotismo insinúa. El erotismo es en realidad pornografía tolerada, representaciones de la sexualidad que han logrado desestigmatizarse y, por lo tanto han sido readoptadas en los medios convencionales” afirma Naief Yehya en su libro Porno cultura (2013); un paralelismo a otros géneros por demás escatológico como el suspenso y el terror; Psycho se convirtió en el paradigma de su época, narrativa, social y técnicamente: mostro un nivel de violencia que no era permitido en la época, mató a su protagonista en la mitad de la cinta, una mujer en la ducha, se mostraron parafilias edípicas, endogamia y, sobre todo, un escusado en funcionamiento (esto también estaba prohibido en pantalla).    
























La historia comienza con una rubia de nombre Marion (Janet Leigh) con un sostén blanco,en una habitación con su amante durante un momento de pasión. Los dos están dispuestos a escapar de la insoportable inmundicia rutinaria de sus actuales vidas; Marion roba una cantidad de 40 mil dólares de su propio trabajo con este propósito; se fuga en una noche lluviosa con la esperanza de contactar a su hombre para explicarle los porvenires de su crimen. Termina en un motel en medio de la carretera cuyo dueño se identifica como Norman Bates (Anthony Perkins). Marion escucha al individuo hablando con su madre del otro lado de una puerta y nota una turbia relación; después de interactuar con Norman, toma una ducha en su habitación y es cuando ocurre la escena más famosa del filme: vemos por cámara subjetiva a la dama en la ducha, alguien se abalanza, se abre la cortina y la silueta de una mujer mayor vista a través de los ojos de la víctima la acuchilla sin parar; Marion cae muerta tirando la cortina y con sangre brotando de su cuerpo; el protagonismo pasa de ahí en adelante a un asesino que tiene miedos provocados por el sentimiento de culpabilidad originado en manifestaciones sexuales de la infancia.























Hitchcock fue un estudioso de la filosofía psicoanalítica; el sexo y la relación maternal juegan un papel importante en Psycho. Según Freud, la cultura y la vida en sociedad causan malestares individuales; mientras la civilización intenta solidificar y elevar los valores de unidad a través de la cultura, restringe las pulsiones sexuales y las convierte en culpa. Es decir, todos aquellos impulsos que tenemos para nuestra propia autosatisfacción; reírnos a costillas de alguien cada vez tienen más limites por dar un ejemplo; cuando crecemos y debemos emanciparnos de nuestros padres y sus normas para crear las nuestras; volar o el miedo a ser libres; podemos ver esto reflejado en los numerosos pájaros que tiene disecados el taxidermista Norman.

Otro de los elementos en los que influiría este filme a la posteridad fue la utilización de la musicalización; Hitchcock era un hombre de hierro en el set y estaba metiendo sus narices en cada detalle de la producción; en el caso de Psycho, la música de Bernard Herrmann es el escudero magistral de este trabajo; con una pieza de violín en la escena del asesinato en la regadera que su director no quería en un principio poner. De la relación de Htichcock y Hermann se puede decir que tenían exitosas carreras por separado, pero era en dueto cuando tenían sus mejores triunfos. Durante la escena de la ducha ¿La música empieza antes o después del ataque? La música tiene tanto peso y personalidad que pareciera englobar una escena de la cual solo ocupa un tercio. La música de esta escena como tal pareciera no servir de advertencia, pues el peligro ya es claro cuando esta empieza. Esto es el suspenso que trata no de ser sorprendidos por el peligro si no de preverlo y desesperarnos ante un fatídico e inevitable suceso, del que solo nos damos una idea; la ansiedad de pensar que nos llevaremos un susto.

No es mi película favorita del cineasta, tampoco la considero la mejor, aunque en eso último ya veremos que conceso hay. La explicación de lo sucedido al final parece un poco sobrada, pero no le quita demasiado, al menos no lo que intentaba quitarle la censura. Los vientos del sexo y la violencia se llevaron en una pulsión colectiva que sacudió a los medios en aquellos días y que no se despegó de la cultura popular. 





The Wicker Man (Robin Hardy 1973)

Fiesta pagana psicodélica 

Por Jorge Le Brun




Participó en más de 281 producciones desde 1948; especializado en el género del terror del que fue bastante tiempo encasillado por culpa del más famoso de los vampiros; distinguido principalmente por su profunda voz, y menos conocido por su gusto y participación con bandas de heavy metal; Christopher Lee descansa en paz desde hace algunos meses; su carrera fílmica fue memorable pero irregular; hay de todo, papeles de poca monta, taquilleras, pero no trabajó mucho el tradicional drama, salvo algunas excepciones. A principios de los 70s, hastiado de Drácula, formó un equipo de trabajo con el productor Peter Snell y el guionista Anthony Shaffer con la esperanza de lograr conformar un proyecto de interés mutuo. Para beneficio de todos, Shaffer tenía comprada la novela Ritual (David Pinner 1967) y estaba trabajando ya en su guion, el cual necesitó de algunas reuniones más, alcohol y la presencia del director Robin Hardy para que la lluvia de ideas y la investigación en mitos paganos concretará el proyecto. Así nació The Wicker Man, película que en una entrevista para Total Film en 2005, Lee afirmó que era la mejor en la que había trabajado.

Este filme de horror británico, en verdad es inclasificable; en algunos momentos estrafalaria, los estadounidenses le llamaron “el Citizen Kane de las películas de horror” (la modestia de considerarse la vara que mide todo de algunos norteamericanos) aunque la audiencia de la época le dio un éxito moderado. François Rabelais escribió alguna vez sobre la "Abadía de Thelema"; una especie comunidad ideal en donde el lema era "haz tu voluntad"; es difícil saber hasta qué punto hacemos nosotros nuestra voluntad libre de la inconciencia, pero quizá hay una gran voluntad en la comunidad de una isla que decido ser pagana en la  era cristiana y en los realizadores para construir este carnavalesco y extravagante proyecto.




La película empieza con un oficial de policía (Edward Woodward) que llega a una isla en una investigación; el sargento Neil Howie recibe una carta anónima en la que se solicita su presencia por el caso de una niña desaparecida ¿Qué podemos decir de este personaje? Que en la actualidad sería un personaje totalmente inverosímil; se trata de un célibe, cristiano y devoto de lo más militante ¿Y policía? ¿Entienden lo que digo? Bueno, nuestro virginal amigo encuentra chocante estas tierras “thelematicas” en donde descubre que la gente de la isla, decidió volver a sus raíces culturales y teológicas; adorando a los dioses celtas u a otros paganos. El comportamiento de los lugareños es bastante hermético y extraño; la investigación de Howie se da muchos topes y lo único que le dejan claro en ese singular lugar es que se aproxima el día de la cosecha.




























No es el único tope que se da nuestro galán virginal voluntario; el carácter desinhibido y promiscuo de los isleños le es intolerable, así como las costumbres litúrgicas. La película en muchas ocasiones te da más la sensación de ser de temática hippie que de terror; la desnudez y liberalismo sexual que en ella se expresan, con danzas psicodélicas, amor libre, el contacto y devoción de la naturaleza son de muchas formas paralelos al legado de la contracultura a mediados de los 60s y los 70s; y estamos hablando de una película que es verosímil con las costumbres de los celtas; un paraíso inhóspito e inquietante donde también se realizan sacrificios humanos. La atmósfera del film se construye en medio de un pueblo costero, de viviendas modestas; escenarios que conjugan el empleo de locaciones que conjuntan los espacios abiertos y cerrados; las calles pequeñas y los amplios espacios de verde vegetación. Los personajes le dan un toque de oculto a estos espacios abiertos, en los que esperas encontrar las respuestas. En ciertos momentos acabas pensando que el oficial de policía incesante y horrorizado por las costumbres de la comuna, proclamando su investigación a los cuatro vientos y su devota fe cristiana es el verdadero monstruo; el contra peso de él son los tipos con máscaras de animales.

























Christopher Lee encarna al líder de esta comunidad, Lord Summerisle, una suerte de Paul McCartney druida con sabor escoces y rituales transvestistas. Personaje con un hilo de misterio en su estrambótica presentación; este terrateniente y gobernador vive en una gran mansión; está presente para dirigir en cada una de las reuniones y rituales de la comunidad. El abuelo de este personaje es quien trajo de regreso el paganismo; Summerisle menciona que “dios tuvo su oportunidad y falló”, indicando una especie de crisis espiritual y psicológica que solo las viejas costumbres pudieron saciar. La interpretación fue genial y no tiene nada que ver con el matriarcado sádico que Nicolas Cage padece en el remake de 2006; tal vez se deba a la profunda y
magnética voz de Lee. Otro isleño a destacar es la hija del dueño del bar, Willow (Britt Ekland), una sensual mujer que tiene una de las escenas más alucinantes de la película, cuando tienta al sargento Howie, cantándole desde su habitación, mientras bailaba totalmente desnuda y tirando manotazos al aire convirtiendo por momentos su propio trasero en tambor; la melodía es genial y el erotismo emana con el juego de la pared que separa a los dos personajes. Curiosamente Lee y Ekland coincidirían nuevamente un año después en la también estrambótica pero ridícula película del 007, The Man with the Golden Gun, nuevamente el primero como el antagonista y la segunda como la musa. 


La tentación esta del otro lado de la puerta





















La musicalización en esta película juega un papel importante, la mayoría de las grandes escenas son cubiertas por melodías que en su mayoría no eran de los antiguos celtas si no composiciones de Paul Giovanni; estás y sobre todo “la canción de Willow” serían cubiertas posteriormente por grupos de rock. Christopher Lee es de los que no quedó conformes con el montaje pues siempre afirmó que les cortaron 15 minutos que hubieran hecho muy superior el trabajo; y estamos hablando ya de un filme de culto. Esta versión se perdió con los años pero aun así se le permitió al director algunos años después hacer un director cutt donde aún faltan los dichosos 15 minutos; el misterio continúa.























Finalmente, el tema principal de la película es el choque entre dos cosmogonías religiosas; una batalla entre dos voluntades místicas propuesta por el sargento Howie y Lord Summerisle; una crítica a la sociedad occidental mayoritariamente cristiana y su interacción con las minorías de otras costumbres que viven en su mundo. Howie no podía aceptar que en su Inglaterra cristiana existiera esa comunidad y no dudo en enfrentarlos en su propio territorio; aun así era un minúsculo e insignificante pez nadando en un mar de diferentes creencias ¿Qué religión puede contar así? Los ritos paganos basados en la naturaleza buscando la fertilidad de la tierra eran entendidos como demoníacos para los cristiana y naturalmente Howie era el intruso que quería quitarles su “precioso edén” a la comuna. La película trata un poderoso tema de la historia de la humanidad; al no poderse comprobar la existencia de los dioses de ninguna religión; el ganador de estas disputas siempre será tan solo el que tenga los músculos para imponer su doctrina a los demás; el poder no esta en el conocimiento si no en la legitimación de la violencia. 






28/10/15

Vampyr (Carl Theodor Dreyer 1932)

Cuidado con la bruja vampiro

Por Jorge Le Brun



“Vampyr es la única película que merece ser vista varias veces”
-  Alfred Hitchcock


Carl Theodor Dreyer fue uno de los más grandes directores del cine clásico, un poco descuidado quizá el día de hoy, pero fue uno de los artistas más importantes de la historia del cine. Quizá el descuido es debido a la dificultad para analizar sus primeros trabajos, de los que solo cae en la memoria su famosa La pasión de Juana de Arco (1928); las dificultades que hubo por mucho tiempo para el análisis fueron las de acceso a la obra. Para los que lo estamos conociendo (me reconozco uno), al menos en lo que he visto, su trabajo es el de un estudiante; puede verse una evolución gradual de las técnicas que usaba el cineasta hasta dejar su marca en el montaje y en su búsqueda por acceder a los sentimientos de sus personajes, de forma que nadie lo hacía; quizá le digan despectivamente “artesano” en un arrebato esnobista, pues su obra en realidad es heterogénea, no se casaba con un tema. Entendió perfectamente el mundo psicológico que revelan los objetos y su interacción con los sujetos “la abstracción formal a través de la imagen”, es decir, manifestar la subjetividad de los personajes con todo lo que los rodea reduciendo la función ilustrativa de los fondos al mantener en escena únicamente aquellos objetos que sirviesen de testimonio de la psicología de los personajes o que contribuyesen al refuerzo de la idea central planteada en el filme.

El director danés había decidido hacer una película fuera de los estudios un año después de La pasión de Juana de Arco, justo para ser golpeado por una gran crisis en Europa; la llegada del cine sonoro que le rompía las pelotas al continente a excepción de Inglaterra, a donde Dreyer tuvo que mudarse para actualizarse tecnológicamente hablando. En su viaje decide que su próximo trabajo será algo sobrenatural; le pareció que era lo más cool del momento y se pone a leer lo que encuentra del tema. Al enterarse él y Christen Jul (co-escritor de Vampyr), que en un teatro había tenido gran éxito una versión teatral de Drácula en 1927, se dieron cuenta que los vampiros eran el último grito de la moda (si supiera). Vampyr (1932), conocida en español como La bruja vampiro, fue el producto de este acto de sublimación, ligeramente inspirado en dos trabajos de Sheridan Le Fanu: La posada del dragón volador (en donde hay un entierro “prematuro”) y Carmilla (historia con una vampiresa lesbiana); ambas de 1872.




La película más atípica de vampiros que te puedas imaginar, estar en la vanguardia le salió caro a Dreyer. Su primer “hijo” sonoro era muy rebelde, un fracaso en taquilla y lo retiró de la dirección por 11 años. La prensa en Alemania y el este de los Estados Unidos casi la ponía como la peor película que habían visto. El hijo creció muy grande y bien parecido; el día de hoy esta película tiene una probación del 100% en rotten tomatoes, la crítica profesional la pone en un pedestal y no es para poco; ni si quiera los que odiaron la película en su momento de estreno pudieron negar las alucinantes e impresionantes imágenes que esta emanaba. Vampyr no es la clásica película de vampiros aristócratas villanos, ni de los que filosofan, ni mucho menos de los que brillan en el día como si fueran refractarios...perdón, reflectores; y aun así conserva el elemento fantasmagórico y demoníaco del vampiro clásico.    

Un joven fantasioso, Allan Gray (Julian West), hace uno de sus viajes nocturnos por una de las regiones del noreste de Francia, y termina en una solitaria aldea llamada Courtempierre. El hombre es un apasionado de la demonología y los temas ocultistas, y hace uno de esos viajes para reflexionar sobre sus estudios. Durante la noche un extraño sujeto se aparece en su habitación; le deja un paquete con la indicación de abrirse después de su muerte. Gray no sabrá si todo lo que empieza a ver a partir de ahí se trata de algo real o de pesadillas, pero al indagar nota que sucesos paranormales ocurren en el pueblo. Hasta el descubrimiento de una joven doncella con marcas de mordidas en su cuello; la sombra de una demoníaca vampiro se cierne sobre todos; parece doblegar la voluntad de una familia, y al querer tomar sus almas a empezando con la joven mujer.

La película es atípica a la narrativa del género, no al concepto del vampiro como fuerza del mal poderosa; Dreyer experimenta con nuevas formas de tratar el mito, planteando la historia como una precursora de las narraciones de posesiones diabólicas (que el día de hoy son lo que más atrae) difiriendo de las características del trabajo de Bram Stoker llevado al cine por Tom Browning un año antes (Drácula 1931). La aparición de estos vampyrs está relacionada con la luna llena; están dotados de poder sobre las fuerzas fantasmales, las sombras y espíritus de sus víctimas; su origen es una posesión maligna derivada de sus actos durante la vida; al parecer la mordedura es lo que hace que comience a poseer a sus víctimas generando seres cuya existencia depende de su creador; esa presencia los incita al mal y los convierte en sirvientes de las sombras motivados por la sed de sangre; solo si muriera el vampiro las almas atrapadas quedan libre. Estos seres según Vampyr, suelen buscar a sus víctimas en espacios abiertos y solitarios para poder actuar de forma discreta; se rodean de sirvientes humanos que se mueven en el día para acercarse a sus víctimas, a las cuales incitan al suicidio con el propósito de tomar sus almas. Como dato curioso, es bueno decir que originalmente Bram Stoker pensaba llamar a su legendario vampiro, Conde Wampyr, palabra que proviene de regiones eurasiáticas y que significa "ser volador", "beber o chupar", que también hace alusión a la especie de murciélago que succiona sangre.




La estrella de singular relato fue conocido por Dreyer en una fiesta; el barón Nicolás de Gunzburg, banquero, aristócrata y socialite, quien se ofreció como mecenas con la condición de ser el protagonista del proyecto que financiaba; a cambio tenía el dinero suficiente y plena libertad creativa. Aquí es otra de esas facetas que a veces no apreciamos, en donde se ve la buena dirección; el barón era tan mal actor que hasta de modelo había quedado mal (reconociéndole que su desempeño fue perseverante); la naturaleza del filme neutraliza estos aspectos, al crearse un mundo surrealista y onírico, en donde la falta de pausa hace que puedas perderte en las imágenes increíbles, entre lo que es real y lo que no, como le sucede al personaje principal. Y aquí, el joven adinerado utiliza el seudónimo en pantalla de Julian West para evitar el escrutinio de su familia y colegas, por el temor de que cuestionaran sus ilusiones de ser un pobre actor, ya que no era un buen negocio en aquella época.  

Hablando de la narrativa, el protagonista en muchos aspectos no es más que un espectador, y la temible “bruja vampiro” (Henriette Gérard) solo aparece de forma sutil y sin prestar enfrentamiento directo, pero creando los acontecimientos en los que el mal nunca duerme. Mientras la labor de héroe recae en un mayordomo (Albert Brass) que al final combate contra la maldición como un leñador abriéndole la panza al lobo que se comió a caperucita, que aquí es la joven Léone (Sybille Schmitz). El umbral entre lo onírico, lo real y lo sobrenatural es irreconocible; hay un velo de misterio, pero reconozco lo que más llama mi atención del primer trabajo sonoro de su realizador es lo poco que lo utiliza; de hecho los diálogos son pocos y solo son usados para apoyar la acción; siendo las imágenes el auténtico dialogo, se siente natural. También en esta película se pueden ver reminiscencias del cine mudo como las tarjetas de títulos con las que se explicaba la historia, en ocasiones sustituidas por libros que los personajes leían proporcionados por tomas subjetivas.




La película tiene influencias del famoso cine expresionista, es lo que se le llama hoy en día una película experimental; vampiros, esqueletos, sombras animadas hacen gala en ese trabajo. Una de las escenas más alabadas al día de hoy, es sin duda la toma subjetiva en un ataúd desde la posición del difunto; Gray en una secuencia de sueños encontrando el ataúd y viéndose a sí mismo como el contenido de este. Las imágenes simbólicas de esta película son muchas; el protagonista al llegar al hotel observa a un sujeto con una guadaña esperando a un barquero en el muelle, donde quizá el barquero Caronte deambula y trae a la gente a ese fantástico lugar; el río es la frontera que cruzamos con Gray para llegar a este otro mundo, influencia que se retomaría posteriormente en el cine.