2/5/16

Burn After Reading (Joel e Ethan Coen 2008)

Farsa sexual con agentes de la CIA

Por Jorge Le Brun


El cine pareciera ser cosa de hermanos; la patente de lo dicho la tienen por supuesto Auguste y Louis Lumière; ha habido familias con descendientes o hermanos cineastas pero es de notar que como los creadores del cinematógrafo, algunos decidieron estar detrás de cámara como un ser bicéfalo. De entre los destacables están los Taviani (Cesare deve morire 2012) y los Dardenne (Rosetta 1999), entre los reconocidos estan los Wachowski (Cloud Atlas 2012) y los Russo (Captain America: The Winter Soldier 2012 y Civil War 2016), entre los infames están los Wayans (Scary Movie 2000); hay más hermandades, pero al día de hoy el trabajo más notable sigue siendo el de los Coen.

Comedias, cine negro o comedias negras; aunque es común que Joel aparezca como director e Ethan como productor, lo cierto es que ambos colaboran en la escritura, producción y dirección. Su cine suele caracterizarse por reflejar el “carácter” de la región de los hechos, personajes con rasgos notorios (hasta los que no juegan ningún papel importante); violencia, fuerzas imparables y la avaricia también son temas recurrentes. Ya que su nueva película es una comedia (Hail, Caesar! 2016), es apropiado que hable aquí de Burn after Reading (2008), una capirotada de géneros y radiografía de animales comunes de la alta burguesía norteamericana con sabor a “thriller de espías”.

Los hermanos ya habían empezado a escribir el guion simultáneamente al de No country for old men (2007); se trata de su primer guion original desde 2001. Ya tenían personajes pensados para George Clooney, Brad Pitt, John Malkovich y su actriz fetiche, Frances McDormand; la fotografía corrió a manos del ya entonces bien reconocido Emmanuel Lubezki, quien de forma más discreta hizo otro gran trabajo, aunque sin oportunidad de lucirse dada la naturaleza de la obra. Película que como dijo un crítico "Es, sencillamente, una deliciosa y perfectamente engrasada comedia idiota. Que no para idiotas” pues se trata de un reparto coral cargado de personajes caricaturescos.



La apuesta empieza con Osborne Cox (Malkovich), un analista de bajo nivel en la CIA recientemente despedido por sus problemas de alcoholismo; regresa a su casa en Georgetown para entregarse a la redacción de sus memorias – en la espera de crear un éxito - y por supuesto, a la bebida. Su estirada esposa (Tilda Swinton) no toma bien la noticia y por consejo de su abogado verifica todas las cuentas bancarias de su marido y hace una copia que guarda en un CD. El problema empieza cuando en el CD colocó accidentalmente las memorias escritas por Osborne (una perorata sin sentido más laberíntica que la casa de Asterión). El disco se pierde y llega a manos de  Linda (McDormand) y Chad (Pitt), dos empleados de Hardbodies Fitness Centers (un gimnasio), que piensan que lo que encuentran es “una mina de oro” y exigen una recompensa para lo que están convencidos que son “datos sensibles de las altas esferas del gobierno”. Todo esto ocurre mientras Harry Pfarrer (Clooney) un agente federal casado, está teniendo múltiples infidelidades y por casualidad una de ellas es con la esposa de Osborne y la otra con Linda. Los acontecimientos se precipitan en una serie de hilarantes catástrofes con irreverentes resultados; la misma CIA intente seguir la pista a lo que sucede y queda enredada.



Los personajes resultan extraños pero verosímiles; tipos “normales” en cosas rutinarias. Entre las interpretaciones (un fuerte en el cine de los Coen) Swinton tiene la primer mención por su papel como Katie, la esposa del ex-analista de la CIA; una fría, arrogante y abusiva mujer que solo estaba esperando los desvaríos de su marido para divorciarse mientras mantenía una relación infiel con Harry. La interpretación de Malkovich como Osborne es la de un energúmeno, alcohólico, castrado por su esposa y con grandes delirios sobre la importancia de su trabajo. Linda y Chad son un par de idiotas sin igual: el personaje de Frances McDormand es una mujer incapaz de concentrar en una sola cosa que no sea pagarse sus cirugías plásticas y dejar de ser una señora de la mediana edad; ni siquiera se da cuenta que su jefe (interpretado por Richard Jenkins) está enamorado de ella y le perdona que ni del trabajo se responsabilice y el personaje de Pitt es un idiota sin remedio con una gran sonrisa. George Clooney, David Rasche (como el superior de Osborne Cox, Palmer Smith) y demás pintorescos personajes son crédulos hasta la medula y con creciente paranoia; quizá solo la embajada rusa tiene sentido común al entender que la explicación más simple suele ser la correcta.

Carter Burwell es el encargado de la banda sonora, una menos silenciosa de lo habitual en la filmografía de los hermanos cineastas. El ritmo de la historia empieza pausado (muchos dirán insoportable en los primeros 30 minutos) pero termina de forma frenética donde nadie queda bien parado en ese ambicioso reparto. Burn after reading es una comedia inusual para el cine comercial pero con el sello identificable de los Coen; una película con cuya música muestra un thriller policíaco pero en su conjunto intenta reírse del género.