Nosferatu en el Bates Motel
Por Jorge Le Brun
¡Siniestro 2017! (hasta el
día en que escribo esto), calamidades van y vienen; no se necesita ser un
Nostradamus para saber que siempre las cosas pueden empeorar. Los miedos
colectivos del hoy difieren de los del ayer; no por eso en lo que a cine se
refiere, los clásicos son para menospreciarse, el hecho que las recordemos pese
a las novedades “de brinco fácil” que en algunos casos se pretende pasar como
el único cine de horror “que lo es porque asustó”.
Podemos encontrar en el legendario director de cine del género Tobe Hooper (fallecido este año) a uno de sus realizadores más influyentes; The Texas Chain Saw Massacre (1974) es quizá la más importante obra
del slasher y de la que derivaría mucho de lo que se hizo en adelante en cuanto
a “thrillers gore”. Fue el ya tener esa obra (cuyo impacto aún no llegaba a hacer la mella del día de hoy) en su currículo un factor para que el productor Richard Kobritz lo
llamara para dirigir una película para televisión (dividido en formato de miniserie)
estrenada en 1979 e inspirada en la segunda novela de Stephen King, Salem’s Lot.
El metraje de 3 horas
divididas para la comodidad del televidente americano que lo vio en su estreno
en la CBS es al día de hoy una de las mejores adaptaciones hechas sobre la obra
de King. Puede verse completo en distintos formatos caseros e incluso en su
momento se hizo un formato para los cines europeos siendo un trabajo
perfectamente visible a la óptica cinematográfica. "Phantasma II"
(como le pusieron en España a este trabajo que ni fantasmas tiene ni es la
segunda parte de nada) tuvo guión adaptado de Paul Monash, la fotografía de
Jules Brenner, el diseño de producción de Mort Rabinowitz y claro está, la
música de Harry Sukman (última obra del compositor) de quien se pretendía
evocara un “estilo a la Bernie Herrmann”; a criterio de quien sepa si eso se
logró pero la musicalización fue genial.
Un hombre y un joven (Lance
Kerwin) se encuentran en una vieja iglesia de Guatemala con el fin de cumplir
una fatídica misión. Se reviven sórdidos recuerdos; el tiempo retrocede a dos
años y la identidad del hombre mayor es la de Ben Mears (David Soul); un
célebre escritor que había regresado al pueblo donde nació, Jerusalem´s Lot;
conocido por sus habitantes como Salem`s Lot. Ben estaba obsesionado por la
famosa y vieja casa de los Marsten; recuerdos y leyendas eran las semillas de
la novela que quería escribir. Pero no solo llegó él, dos hombres oscuros
toman posesión del misterioso hogar; el solemne señor Straker (James Mason) y
el incógnito señor Kurt Barlow (Reggie Nalder). Con la llegada de los tres
visitantes cosas extrañas y horribles comienzan a suceder: la gente empieza a
morir o desaparecer dejándolo todo en desolación; Mark Petrie (el joven en la
iglesia de Guatemala) niño obsesionado con las historias de terror y la
mitología será uno de los pocos en entender lo que sucede.
Una crítica plantea lo siguiente:
“¿Vio David Lynch esta película antes de hacer Twin Peaks o Mulholland drive?
Del lado de su organización semántica, la serie se apoya en una oposición entre
un mundo inocente y otro obscuro, perverso”. Directa o indirectamente Salem’s Lot plante por cada elemento
espacial un espectro de su tonalidad; construye un pequeño pueblo al norte de
Estados Unidos de casas pequeñas y bosque imponente; la sencillez del primero,
los misterios del segundo, y claro, la temible casa Marsten como comodín.
Salem’s
Lot
es una historia alimentada de dos elementos: las casas encantadas y el vampiro
clásico. En cuanto a lo primero no es nada descabellado ver que en muchas obras
artísticas cuando se trabaja el concepto se suele usar de referencia arquitectura
de principios de finales del siglo XIX o principios del XX incluso más que los
viejos castillos europeos. Tobe Hooper buscaba elementos "hitchconiano" para el relato; no es de extrañarse entonces que la casa Marstein está
inspirada en el mismísimo Bates Motel (Psycho 1960) “Pero este poder será
sesgado cuando llegue al motel, pues el personaje se adentra en un espacio de
horizontalidad que contrasta con la verticalidad de la casa de Norman Bates: el
motel está al amparo y a la sombra de la misteriosa mansión”.
La mansión de los Bate
fue
construida en Laramie Street de Universal Studios, realizándose tan solo la
fachada principal y lateral derecha. La torre y una porción de la parte
frontal, fueron tomados de otras casas, (se utilizaron unidades de stock de
varios edificios similares); con el paso de los años se convirtió en atracción de
los Estudios Universales. Casas de estilo victoriano (según los que saben); la
mansión Bates y por lo tanto la Marstein tienen de inspiración la pintura House
by the railroad (1928) de Edward Hopper; el concepto de “la última casa”, abandonadas,
alejada de la civilización, imponentes, símbolos de una siniestra y desolada
aristocracia; consumidas solo por la misma naturaleza mientras estas consumen
también las pupilas del voyerista. La casa de los Marstein tiene un evidente
pasado, está en constante asecho de quien ose vigilarla y invita a oscuros
habitantes a rondarla.
De izquierda a derecha: House by the railroad de Edward Hopper (1928), Bate house en Psycho (Alfred Hitchcock 1960) y Marsten house en Salem's Lot (Tobe Hooper 1979). |
El segundo elemento, el vampiro, rinde también tributo a los grandes ancestros. “El vampiro maestro” es el último gran vampiro clásico, el heredero genuino no solo del Drácula de Bela Lugosi, Christopher Lee, Germán Robles; vampiros diabólicos pero erotizados que abrieron las puertas al enriquecido tema; es sobre todo el último heredero del conde Orlok de Nosferatu (W. F. Murnau 1922); un espectro infernal, el vampiro del folclor (y mitología) que aterraba y llenaba de desolación la tierra que profanase, lo que es el demonio al ángel es el vampiro al hombre solo que más peligroso, un señor de las tinieblas que gobierna sobre la carne y la sangre. Con sus inexpresivos brillantes y amarillentos ojos infernales, su piel enferma y sus largos colmillos, el de Salem’s Lot es el último príncipe de la tinieblas; el último gran vampiro en el cine de horror.
Los momentos de terror son
muy bien ejecutados; incluso algún que otro acostumbrado al susto fácil de
ahora podría llevarse una grata sorpresa. Las situaciones inquietantes no son
pocas; pero quizá la más recordada en la cultura popular es ese momento
nocturno en que un espectral infante flotando en la “noche plutónica” toca la
ventana del cuarto de un niño, esperando que lo inviten a pasar; escena pesadillesca
para quien de joven vio esta obra.
Debilidad en la extensión de
esta película puede ser las mismas flaquezas en la narrativa del verborreico
King; que en ocasiones busca poner más peso en el contexto social que en la
historia misma; también algunas transiciones (muy pocas en realidad) que
evidencian que fue un trabajo hecho para televisión pública. Sin embargo, los
aciertos son muchos más, Tobe Hooper no solo hizo un par de homenajes a Nosferatu y Psycho; creo una película espeluznante y sugerente con una bien
lograda atmosfera de misterio; por el reto de la televisión, Hooper creo en su explicación
“un ambiente que se siente como si no pudieras escapar; un recordatorio de
que nuestro tiempo es limitado y todos los complementos que van con él".
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